Hoy volví a ver a algunos de mis compañeros de colegio, el reencuentro fue buenísimo, necesitaba verlos nuevamente e ir haciéndome a la idea de recomenzar las clases, pero me encontré con algo inesperado: si bien me sentí muy bien, me reí hasta que me dolieran los abdominales y la mandíbula, sentí que me enfrasqué, que me dediqué a tres amistades -una de ellas ya truncada- y dejé de lado otras para poder afianzar mi grupo de amigas por temor a que me volviera a suceder lo que aconteció en el 2006, y eso me alejo del resto. Pero pese a eso no me sentí mal...Simplemente sentí que era aguja de otro pajar, desconocedora absoluta de las personas que mencionaban y ausente en las anécdotas y recuerdos que comentaban. También sé que estuve ausente porque insonscientemente quise que así fuera, mis repetidas negativas a los boliches -detesto bailar en un lugar cerrado, excesivamente chico y con gente desconocida- mi ausencia virtual del último mes y medio y el escaso interés por ambas partes en salir juntos hizo que no me tuvieran en cuenta para determinadas salidas o jodas, de las que probablemente no hubiese participado así me hubieran invitado por incluir en el plan ir a bailar.
De todas maneras, como dije, hoy reina en mí la alegría de haberlos vuelto a ver, la esperanza de volver a ser parte de ellos y ellos parte de mí y la lógica melancolía de los viejos tiempos, que suele azotarme con frecuencia dejando lágrimas en mis mejillas y tristeza en el corazón que son borradas por las alegrías del presente y el saber que todo lo que pasó me hizo lo que soy hoy.
Dejo atrás el verano, las vacaciones y me mentalizo para volver a las aulas, a la rutina por momentos agobiantes, pero las felices risas que acontecen a cada rato junto a las personas con las que crecí y maduré; junto a las personas que me hacen y dejan ser más alla de simpatías o antipatías.




