domingo, 30 de noviembre de 2008

Aquel diálogo visual...


Reproduzco en mi memoria, mil veces al día, esa escena, breve, mal iluminada y por demás inoportuna en la que vos, desde aquel inolvidable banco blanco, me miraste. Yo sentí que me miraste, que me clavaste tu mirada y yo te la sostuve, y no recuerdo qué sucedió a continuación, no recuerdo quién de los dos apartó la mirada primero o si alguien se interpuso en nuestro diálogo visual, pero sí recuerdo que no pude olvidar aquel instante, inolvidable y que espero acontezca nuevamente, con otras paredes mirándonos y con el eco de la música y las voces yéndose paulatinamente, para dejarnos sólo a nosotros, a tus ojos, y a los míos.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Quiero...


...Alguien que me llame todas las tardes desinteresadamente, alguien capaz de hacerme reír incansablemente, alguien que me llene de besos, que me de fuertes abrazos, que me acaricie los cachetes mientras lloro, que me bese la cabeza mientras abrazados miramos un buen drama en el cine, alguien que se quede toda la noche despierto viéndome ser, alguien que me inspire confianza, que me escuche sin juzgarme, que me comprenda, que sepa compensar mis carencias familiares, alguien que no considere que por tener una coraza tan fuerte no tengo sentimientos ni problemas, alguien que sienta placer al escuchar mi voz, que considere que soy importante en su vida por lo que soy y no por lo que doy, que no se moleste al escucharme hablar, alguien con quien debatir acerca de historia, actualidad, política, economía, cine, literatura, alguien que me ayude a cargar el peso que muchas veces yo misma me cargo sobre mis espaldas, alguien capaz de explicarme la vida, de hacerme sentir útil, alguien con quien dejarme ser sin pensar antes de actuar o decir, alguien con quien olvidarme de todo cuando necesito huir de mis presiones y con quien compartirlo cuando no puedo dejarlo ir, alguien que me ayude a tomar decisiones en las que no quiero hacerlos partícipes a mis padres, alguien capaz de comprender la difícil relación con mi familia, que pueda orientarme en la vida, alguien con quien no tenga que reprimirme en absoluto.


¿Serás vos ese alguien?
¿Me animaré a hablarte?
¿Me darás bola?

domingo, 19 de octubre de 2008

Madres:



Con tal de vernos felices y sonrientes, ellas hacen cualquier cosa, muchas veces en contra de nuestra voluntad, y ahí nosotros las cagamos a pedos, y ellas se la re bancan porque saben que tarde o temprano vamos a ir a pedirles perdón, reconociendo que su entrometimiento nos dejó alguna enseñanza o nos fue de utilidad.

Nos molestan, y mucho, siempre andan dando vueltas a nuestro alrededor, y dicen las cosas menos convenientes en el momento más inoportuno.Ellas siempre quieren vernos felices, y es en busca de facilitarnos la obtención del bienestar que se mandan mil cagadas y nos hacen mandarnos otras cuantas más; pero de eso siempre aprendemos algo, porque ellas son un libro abierto y nos dejan leernos cuantas veces querramos y siempre que lo necesitemos, para tratar de evitar que nosotros nos golpeemos la cabeza o nos caigamos, y es en su afán de darnos una mano SIEMPRE, que se olvidan que a veces tienen que dejarnos caer y tolerar vernos golpeados para que verdaderamente aprendamos.

Pero pese a todas sus cagadas, y todas las veces que nos rompen las pelotas, son ellas las que siempre van a estar ahí, a nuestro lado, tendiéndonos su mano, rodeándonos con sus brazos, con una camperita cerca para darnos cuando estemos a punto de salir en remerita cuando afuera hay doce grados de temperatura, con un "¿y qué te dijo mamá?" en la punta de la lengua, con un pañuelito para nuestras narices resfriadas, con un tecito digestivo y una cafiaspirina cuando la resaca del día anterior nos esté matando.

Son tan pero tan perceptivas que a ellas no se les escapa nada, y aunque nosotros siempre le andemos buscando la vuelta para ocultarles algo, ellas siempre nos descubren, y (casi) siempre nos sorprenden con su reacción. Ellas siempre tienen un as en la manga. Y nosotros, a cambio, a veces, tenemos un ratito para ellas.

100 hijos no tienen para una madre y una madre tiene para 100 hijos.

Feliz día para todas las madres del mundo, en especial para mi mamá, a la que muchas veces cago a pedos, ignoro y grito, y a la que casi nunca le digo cuánto la quiero, cuánto la necesito y lo mucho que la admiro. Ella por mí dio todo, laburó días y noches enteras para darme la calidad de vida que tengo hoy, me habló, me gritó y me cagó a pedos todas las veces que hizo falta para que yo sea la persona que soy hoy, corrió atrás mío todas las tardes de su vida para que yo tomara los vasos de leche que me hubiesen hecho más alta, me regaló al mejor hermano del mundo para que aprendiera lo que es el amor sin límites, la solidaridad, el compartir, la complicidad, el juego, la responsabilidad y lo hermoso que es ver y ayudar a crecer al ser más noble, ingenuo, dulce, tierno y seductor del planeta.

martes, 23 de septiembre de 2008

Motivaciones


Lo único que nos hace vibrar, hacer, sentir, deshacer; vivir, es el amor.


Uno mira a su alrededor y ve a las parejas besarse amorosamente, a los maestros enseñar con vocación -feliz día para ellos, atrasadísimo, pero válido-, a los artistas bailar con pasión y uno descubre en aquellos actos el amor, ya sea por una persona, por su profesión o trabajo.


Y a mí, a veces me resulta difícil encontrar el amor en la cotidianeidad, en los actos diarios e insignificantes que son realizados como consecuencia del amor, porque me veo obligada a realizar numerosas cosas que no me despiertan ninguna sensación, y aún así, debo hacerlas; y es en ese momento en el que me preguntó ¿con qué motivación? Y es allí cuando me detengo a buscarle una motivación a las responsabilidades más aburridas e ingratas, y cuesta, se rehusa a ser encontrada.


A mí me motiva el amor, un objetivo, la obtención de un ratito libre, el eco de las voces queridas y de las risas ya reídas y la ilusión de otras por reír ¿A ustedes?



domingo, 31 de agosto de 2008

En medio de otra noche de descontrol, me siento a pensar


Anoche, dos de la mañana aprox.


Pienso en los besos que nunca nos dimos, en los te quiero que nunca supe verbalizar, en los mensajes de texto que esperé y nunca recibí, en las cartas tiernas que reemplacé por otras repletas de agravios e insultos, y en tus miradas de odio y cansancio imagino una de amor y perdición.


Hoy, dieciocho horas más tarde, aprox.


Pasaron tres años, y lo que siento por vos -que no tengo muy en claro qué es- superó todos los obstaculos que se le atravesaron y prevaleció ante otros espejismos de amor y caprichos de pendeja.


Si yo te trato mal, si te tiro palos, se debe a que no tolero que lo que me gusta de vos es lo mismo que me llena de rabia: me encanta que seas chamuyero y despreocupado, porque eso es lo que te da la valentía para encarar sin miedo a que te corten el rostro y a mí me encanta que me encaren. No obstante, es eso mismo lo que te hace inmune a los sentimientos fuertes y te ayuda a eludir las conversaciones que te sitúan en un lugar incómodo. Y para mí, el diálogo, cuando hay sentimientos de por medio, es indispensable.


Detrás de todo chamuyero, se esconde una persona sensible, a quien lo aterroriza el dolor.

sábado, 30 de agosto de 2008

Esta tarde


Hoy es una tarde de esas en las que me hubiera gustado ir a pasear a un Puerto Madero desierto, callado y tranquilo, en donde los recuerdos atacan mi memoria y alteran el pulso de mi aburrido corazón.

Es una de esas tardes que tranquilamente podría disfrutar en el country de mi mejor amiga, andando en bicicleta, sintiendo el viento despeinarme con una exquisitez inimitable, viendo caer las hojas de los viejos árboles, observando en cámara lenta las idas y venidas de la gente de la alta sociedad, sintiendo el fresco aroma del pasto, entrecerrando los ojos para despertar mis otro cuatro sentidos adormecidos por la rutina diaria alejada de los placeres de la naturaleza aplazada por la modernidad destructiva y la joven tecnología.

Es una de esas tardes en las que Haedo se presenta sereno, amigable que invita a transitarlo inmerso en pensamientos absurdos y recuerdos ultrajados por el tiempo. Atestiguando con placer las calles barriales llenas de anécdotas vecinales cada vez menos habituales, producto del miedo y la famosa sensación de inseguridad.

Hoy es una de esas tardes que anteceden a una placida noche que invita a la juventud a perderse entre sus calles, a descubrir sus misterios y a desmitificar sus mitos poco fundados y casi tan antiguos como la tranquilidad bien entendida.

Hoy es una de esas tardes en que la música, desde el pasado, colma mis oídos y trae al presente antiguas vivencias que suelo creer perdidas en los recovecos caprichosos de mi mente inquieta.

El sol cae, la luna aparece y mis recuerdos vuelven a sepultarse en la memoria olvidada por los apremiantes sucesos actuales, a la espera de otra tarde como esta, desperdiciada por las obligaciones de hija y los planes posteriores.

Esta tarde


Hoy es una tarde de esas en las que me hubiera gustado ir a pasear a un Puerto Madero desierto, callado y tranquilo, en donde los recuerdos atacan mi memoria y alteran el pulso de mi aburrido corazón.

Es una de esas tardes que tranquilamente podría disfrutar en el country de mi mejor amiga, andando en bicicleta, sintiendo el viento despeinarme con una exquisitez inimitable, viendo caer las hojas de los viejos árboles, observando en cámara lenta las idas y venidas de la gente de la alta sociedad, sintiendo el fresco aroma del pasto, entrecerrando los ojos para despertar mis otro cuatro sentidos adormecidos por la rutina diaria alejada de los placeres de la naturaleza aplazada por la modernidad destructiva y la joven tecnología.

Es una de esas tardes en las que Haedo se presenta sereno, amigable que invita a transitarlo inmerso en pensamientos absurdos y recuerdos ultrajados por el tiempo. Atestiguando con placer las calles barriales llenas de anécdotas vecinales cada vez menos habituales, producto del miedo y la famosa sensación de inseguridad.

Hoy es una de esas tardes que anteceden a una placida noche que invita a la juventud a perderse entre sus calles, a descubrir sus misterios y a desmitificar sus mitos poco fundados y casi tan antiguos como la tranquilidad bien entendida.

Hoy es una de esas tardes en que la música, desde el pasado, colma mis oídos y trae al presente antiguas vivencias que suelo creer perdidas en los recovecos caprichosos de mi mente inquieta.

El sol cae, la luna aparece y mis recuerdos vuelven a sepultarse en la memoria olvidada por los apremiantes sucesos actuales, a la espera de otra tarde como esta, desperdiciada por las obligaciones de hija y los planes posteriores.